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Escenas escolares en foco

En la escuela, cuando los niños y las niñas aprenden a contar, recorren un largo camino de pequeñas y progresivas conquistas. Este recurso propone observar y analizar las diferentes estrategias que utilizan, además de ponerlas en relación con los tres principios involucrados en el conteo: el principio de adecuación única, el de cardinalidad y el de indiferencia del orden. A la hora de diseñar nuestras estrategias de enseñanza, incorporamos este conocimiento a otros saberes didácticos y pedagógicos.

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El conteo

“No es el mismo dibujo, pero sí el mismo número”.

Saber recitar la serie no es lo mismo que saber contar los elementos de una colección.

El Conteo: No es el mismo dibujo, pero sí el mismo número

Un niño o una niña que puede recitar la serie hasta un determinado número no necesariamente podrá utilizar ese conocimiento a la hora de contar objetos o dibujos para decir cuántos hay.


En el video, vemos que Amaia y Valentina dominan la serie numérica oral, es decir, pueden recitar los números en voz alta, pero dudan sobre cuántos dibujos hay en la carta.


Ante el desconcierto sobre el valor de dos cartas comparadas, Amaia y Valentina podrían haber decidido contar nuevamente para corroborar iniciando por otro elemento.

Por ejemplo, en vez de comenzar por la primera copa de la izquierda arriba, podrían haber iniciado contando desde abajo o contando los dos elementos del medio y luego los restantes.


No obstante, para que los niños y las niñas avancen en el dominio del conteo, es importante, entre otras cuestiones, que conozcan el recitado de la serie numérica, lo que constituye una larga conquista.


Recitar y contar

¿Qué saben del recitado estos chicos y estas chicas?

Recitar números para jugar

Recitar números para jugar

Algunos niños y niñas de sala de 3 años reconocen, con ayuda de el o la docente, el inicio de la serie: siempre empezamos a contar desde el uno.


Vemos que se aproximan a las palabras-número (designaciones orales de los numerales) de fragmentos de la serie: algunos aún no las dicen convencionalmente, aunque se parecen bastante… Y, como escuchamos, omiten algunos de los números.


Otros los dicen convencionalmente y en forma ordenada, pero solo de un tramo de la serie.


Este dominio limitado de la serie hace que algunos recurran a reiterar el fragmento conocido de números para poder sostener más tiempo el recitado en el juego de la escondida.


¿Hasta qué número sabés “contar”?

¿Hasta qué número sabés “contar”?

En el video anterior vemos cómo los niños y las niñas recientemente egresados del nivel de Educación Inicial van consolidando su dominio del recitado de los primeros números y afrontando nuevos desafíos al ampliar el recitado de la serie.

Luciana recita convencionalmente los números hasta el dieciséis. Luego, omite algunos cuando intenta llegar hasta el treinta: 17, 22 y el 27. Se detiene en el 28, vuelve para atrás en la serie y reitera los tramos conocidos: 20, 21, 23, 25 y 26.


Los dedos de Juan

Los dedos de Juan

Otros niños y niñas, para ampliar el recitado de la serie, hacen uso de una conquista importante: su dominio del principio generador de la serie. Retoman su conocimiento de que los números siempre se forman combinando el nombre del “nudo” o números redondos y la sucesión de los dígitos del 1 al 9.


Aquí vemos que Stéfano se detiene en el treinta y nueve porque pareciera no disponer del nombre del nudo siguiente. Duda sobre un aspecto del nombre de los números que resulta inicialmente “opaco” para los niños y niñas: el vínculo entre las denominaciones orales de las decenas y el dígito correspondiente (cuatro y cuarenta).


Otro subconjunto de números que suele ser también menos transparente es el de los números del once al quince. La dificultad se vincula con que la denominación oral de estos números no da indicios de su posición en la sucesión numérica “hablada”.


Si bien “saber recitar la serie no es lo mismo que saber contar”, el recitado convencional de los números es un largo proceso que se construye a partir de pequeños y complejos aprendizajes que sostienen (junto a otros conocimientos) la posibilidad de asignar a cada objeto de la colección contada una y solo una palabra-número en el orden convencional (principio de adecuación única) y así poder decir “cuántos hay” (principio de cardinalidad).


Delimitar la colección a contar

¿Qué saben estas chicas sobre la colección a contar?

¿Cuál es la colección a contar?

Delimitar la colección a contar

Otro desafío es definir qué contar. Ema y Luciana reconocen que las dos cartas a levantar son las que tienen el número cuatro. Pero cuando la maestra les pide que verifiquen, Luciana duda sobre qué contar para asegurar que las dos cartas tienen el mismo valor.

Cuando se trata de comparar las dos colecciones, vemos a Luciana dudar sobre cuál es el cardinal a encontrar: ¿el de las dos colecciones comparadas (las dos cartas) o el de cada una (cada carta)?


Ema orienta a Luciana. Se trata de una escena de colaboración cotidiana entre pares que suele surgir ante desafíos asumidos de modo compartido por los chicos y las chicas cuando proponemos que afronten autónomamente la tarea de validar y argumentar lo que hacen.


En este capítulo, Aprendemos así a contar, vimos que el recitado numérico es solo un primer gran paso hacia la comprensión del conteo. Aunque es una conquista importante, el verdadero proceso de contar requiere más que decir los números en orden. Como señala Ressia de Moreno (2003, p. 96):

Saber recitar la serie no es lo mismo que saber contar elementos de una colección. Es decir, un sujeto que puede recitar la serie hasta un determinado número no necesariamente podrá utilizar ese conocimiento a la hora de contar objetos o dibujos.

En las diversas escenas escolares analizadas, vimos que, en el largo proceso de aprender a recitar los números, los niños y las niñas, a su ritmo, construyen pequeños logros: identifican el “uno” como el inicio de la serie numérica; recitan en orden las palabras-número que conocen y, en ocasiones, las reiteran para poder contar; y, aunque a veces se salten algunos números, logran seguir avanzando; van “tomando prestado” de sus compañeros y compañeras las palabras-número que desconocen.

¿Por qué afirmamos que recitar los números no es lo mismo que contar? ¿Qué otros conocimientos son necesarios para poder contar? A lo largo de este recorrido, hemos explorado escenas de niños y niñas en la escuela; en esas escenas, identificamos los principios involucrados en el conteo:

Para poder contar se requiere disponer, en primer lugar del principio de adecuación única (Gelman, 1983), esto es, asignar a cada uno de los objetos una y solo una palabra-número, respetando al mismo tiempo el orden convencional de la serie.

Observamos en varias escenas que "la mano va más rápido que la boca" (o viceversa), lo que muestra que los niños y las niñas aún no logran establecer una correspondencia término a término entre cada objeto y una palabra-número, lo que conduce a un conteo erróneo.

Sin embargo, muchos chicos que pueden establecer esa correspondencia, al finalizar el conteo parecen desconocer cuántos objetos hay en total. Es decir, es necesario reconocer que el último número enunciado durante el conteo corresponde a la cantidad total de objetos (principio de cardinalidad)...
Otras de las condiciones descritas por Gelman para lograr el conteo es el principio de indiferencia del orden, es decir, comprender que el orden en el que se cuenten las unidades (de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de arriba abajo, etcétera) no altera la cantidad (Ressia de Moreno, 2003, p. 96).

El análisis que realizamos en este material busca promover algunos interrogantes para reflexionar acerca de nuestra práctica de enseñanza:

  • ¿Qué intervenciones podemos realizar que sean oportunas y pertinentes para que nuestros y nuestras estudiantes avancen en el dominio de estos principios implícitos en “el contar”?
  • ¿Cómo asumir una posición atenta a estas conquistas y procesos para garantizar el acceso a estos saberes?
  • ¿Cómo tensionamos esos conocimientos y generamos situaciones intencionales y sistemáticas de enseñanza que posicionen a los y las estudiantes como aprendices de técnicas con sentido para ellos y ellas?

Referencia bibliográfica

Ressia de Moreno, B. (2003). La enseñanza del número y el sistema de numeración en el Nivel Inicial y el primer año de la EGB. En M. Panizza (Comp.). Enseñar matemática en el Nivel Inicial y Primer Ciclo de EGB. Buenos Aires: Paidós.


Sobre la producción de este material

Los materiales de Hacemos Escuela se producen de manera colaborativa e interdisciplinaria entre los distintos equipos de trabajo.

Autoría: Ana Antuña, Romina Prevero y Fernanda Delprato

Didactización: Eugenia Castelló Agramunt

Corrección literaria: Luciana Frontoni

Diseño gráfico: Carolina Cena

Desarrollo web: Marcos Oviedo

Narración interactiva: Federico Gianotti

Coordinación de producción: María Florencia Scidá, Mariana Schneider

Coordinación general: Paula Fernández, Luciana Dadone, Ana Gauna

Coordinación Hacemos Escuela: Fabián Iglesias


La realización de este recurso educativo fue posible gracias al trabajo en equipo de las maestras de los niveles Inicial y Primario de la Escuela Cura Brochero, Marina, Claudia, María Belén, Roxana y Marisa; de las directoras, Alida y Mariela, que nos recibieron con alegría, dispuestas siempre al trabajo colaborativo, acompañando y potenciando cada idea; y a la participación y el compromiso de los niños, las niñas y sus familias.


Cómo citar este material

Delprato, F., Antuña, A. y Prevero, R., y equipos de producción del ISEP. (2024). Aprendemos así a contar. Colección “Lo aprendemos así”. Hacemos Escuela. Para el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba.

Este material está bajo una licencia Creative Commons (CC BY-NC 4.0)